El 9 de julio de 1816, las Provincias Unidas afirmaron ante el mundo su voluntad de ser una Nación libre e independiente.
Pero la Independencia no tuvo una sola voz.
Fue declarada por representantes.
Fue conducida por líderes.
Fue combatida por hombres y mujeres.
Fue sostenida por pueblos enteros.
San Martín, Belgrano y Güemes forman parte de nuestra memoria. Pero también Juana Azurduy, María Remedios del Valle, Macacha Güemes y tantas mujeres, pueblos y personas cuyos nombres no siempre llegaron a los libros de historia.
La Independencia fue una obra colectiva.
Y aquella decisión histórica encerró un mandato que todavía nos interpela: «Y de toda otra dominación extranjera».
Doscientos diez años después, la dominación puede asumir nuevas formas. Puede expresarse en dependencias económicas, en la concentración extrema de la riqueza y del poder, en la pobreza que impide elegir, en el consumismo que transforma deseos en necesidades, en las adicciones y las apuestas que capturan especialmente a nuestros jóvenes, o en modelos de desarrollo que comprometen el ambiente y el futuro.
Por eso, la Independencia no es solamente una fecha del pasado.
Es la capacidad de decidir nuestro propio destino. Es cuidar nuestros recursos, defender el trabajo, proteger el ambiente, fortalecer la democracia y construir una comunidad donde la libertad no sea el privilegio de unos pocos.
Desde el Bloque de Concejales del Movimiento Popular Neuquino de Plaza Huincul, concejal Gustavo A. Suárez, recordamos este 9 de Julio con memoria y con responsabilidad.
Porque una Nación libre no se construyó una sola vez. Se construye todos los días.–