Hay despedidas para las que nunca estamos preparados.
Hoy nos toca decir adiós a un compañero con quien compartimos años de militancia, de trabajo, de alegrías, de preocupaciones y de sueños por nuestras comunidades. Nos cuesta encontrar las palabras porque no despedimos solamente a un dirigente político; despedimos a un amigo, a un compañero de camino, a una de esas personas que dejan una marca profunda en la vida de quienes tuvieron la fortuna de conocerlas.
Patuco hizo de la militancia una forma de vivir.
Nunca necesitó ocupar un lugar de privilegio para hacerse notar. Su lugar siempre estuvo donde hacía falta una mano, una palabra de aliento, una gestión o simplemente estar presente. Desde la Iglesia, desde el trabajo social, desde la comisión vecinal del Barrio Pampa, como concejal y como militante del Movimiento Popular Neuquino, mantuvo siempre la misma manera de entender la política: ponerse al servicio de los demás, especialmente de quienes más lo necesitaban.
Quienes compartimos tantos años junto a él sabemos que su mayor enseñanza no estuvo en los discursos, sino en el ejemplo cotidiano. En su compromiso silencioso. En su capacidad de escuchar antes de hablar. En su humildad para trabajar sin buscar reconocimiento. En esa convicción, tan propia de él, de que la política tenía sentido solamente si ayudaba a mejorar la vida de las personas.
Con Patuco compartimos una parte de nuestra historia. Compartimos campañas, reuniones, barrios, proyectos, conversaciones y también momentos difíciles. Compartimos la esperanza de construir una comunidad más justa y más solidaria. Por eso su partida nos duele profundamente.
Hoy sentimos que se apaga una luz que durante muchos años fue una referencia para la militancia. Pero también sabemos que las personas como él no desaparecen con su ausencia. Permanecen en los valores que sembraron, en los vecinos y vecinas que acompañaron, en los compañeros y compañeras que formaron y en el ejemplo que dejan para las nuevas generaciones.
En tiempos donde tantas veces se discute el sentido de la política, la vida de Patuco nos recuerda que la verdadera militancia no se mide por los cargos alcanzados, sino por el bien que uno deja en la comunidad y por la confianza que inspira en los demás.
Desde el Bloque de Concejales del Movimiento Popular Neuquino de Plaza Huincul despedimos con enorme tristeza a un compañero entrañable y abrazamos con todo nuestro cariño a su familia, a sus amigos y a cada militante de Cutral Co que hoy siente este mismo dolor.
Gracias, Patuco, por tu ejemplo, por tu generosidad y por haber compartido con nosotros una parte tan importante de la historia de nuestro movimiento y de nuestras vidas.
Descansá en paz, querido compañero y amigo. Te vamos a recordar, sobre todo, por la persona que fuiste.
Gustavo Suarez y Equipo de trabajo: Silvia, Gabriela, Benjamin y Mariano.