62 años de la creación de la Universidad del Neuquén
Hace 62 años, Neuquén era una provincia joven. Nuestros pueblos crecían al ritmo del petróleo, del trabajo, de las familias que llegaban buscando oportunidades y de quienes ya habían echado raíces en esta tierra.
En aquel Neuquén, donde había mucho por hacer, Felipe Sapag tomó una decisión que cambiaría la vida de muchas generaciones: crear la Universidad del Neuquén, mediante la Ley Provincial N.º 414, promulgada el 3 de noviembre de 1964.
No se trataba solamente de abrir aulas o entregar títulos. Se trataba de algo mucho más profundo: que los hijos y las hijas de los trabajadores pudieran estudiar, que el conocimiento no fuera un privilegio de unos pocos y que nuestra provincia pudiera crecer con su propia gente.
Y esta historia también tiene raíces muy cercanas. En Challacó, entre Plaza Huincul y Cutral Co, comenzaron a darse aquellos primeros pasos universitarios. En una tierra acostumbrada al esfuerzo, al petróleo y al trabajo, también empezaba a construirse un futuro desde la educación.
Porque una universidad transforma mucho más que la vida de sus estudiantes. Transforma familias, genera oportunidades y ayuda a construir una sociedad más justa.
Hoy, 62 años después, resulta inevitable mirar aquella decisión y compararla con nuestro presente. Mientras recordamos a quienes tuvieron la visión de crear una universidad, las universidades públicas argentinas deben reclamar recursos para funcionar, salarios dignos para sus trabajadores y el cumplimiento de una Ley de Financiamiento Universitario aprobada por el Congreso.
Y entonces aparece una pregunta que merece ser compartida:¿Cómo puede ser que hace seis décadas, con muchos menos recursos, Neuquén apostara a crear una universidad y hoy tengamos que reclamar que se sostengan las que tanto nos costó construir?
Nuestra provincia sabe lo que significa crecer. Lo vemos en Vaca Muerta, y en las oportunidades que genera la energía. Pero también sabemos que el verdadero desarrollo no se mide solamente en barriles de petróleo, kilómetros de rutas o millones de dólares.
Se mide en las oportunidades que tiene una joven de Plaza Huincul para estudiar. En el hijo e hija de una familia trabajadora que llega a ser el primer universitario de su casa. En los profesionales que vuelven a sus pueblos. En los docentes, investigadores y trabajadores que todos los días ayudan a construir una sociedad mejor.
Eso también es desarrollo. Eso es igualdad de oportunidades. Y eso es justicia social.
Defender la universidad pública no significa aferrarse al pasado. Significa cuidar una herramienta que nos permite cambiar el presente y construir un futuro con más oportunidades para todos.
La historia de nuestra universidad nos recuerda algo sencillo, pero profundamente valioso: hubo una generación que decidió que el lugar donde nacíamos no debía marcar el límite de nuestros sueños.
Hoy nos toca cuidar y ampliar ese camino.
Porque el petróleo puede generar riqueza, pero la educación permite que esa riqueza se transforme en oportunidades, igualdad y bienestar para nuestro Pueblo.
BLOQUE MPN
Concejo Deliberante de Plaza Huincul
Concejal Gustavo Suárez