Este 24 de marzo no es una fecha más. Es una responsabilidad política y colectiva que nos interpela en el presente.
Recordamos a quienes fueron perseguidos, desaparecidos y asesinados por pensar distinto, por su militancia y por organizarse. Recordamos también a los niños y niñas apropiados y a las familias quebradas por el terror.
Frente a los intentos de relativizar lo ocurrido o de sembrar dudas sobre las desapariciones, afirmamos con claridad: no hay lugar para el olvido ni para la impunidad. La memoria, la verdad y la justicia son una construcción colectiva y una obligación del Estado y de toda la sociedad.
La dictadura no solo impuso el terror: también implementó un modelo económico neoliberal, que profundizó la desigualdad. Ese modelo necesitó de la represión para imponerse. Cuándo ese proyecto comenzó a agotarse, la guerra fue utilizada como herramienta de legitimación. La Guerra de Malvinas formó parte de ese intento de sostener un poder, a costa del dolor del pueblo.
Hoy, en un contexto de crisis económicas, conflictos internacionales y discursos que buscan señalar enemigos y castigar la diferencia, reafirmamos una convicción: nunca más el Estado ni ningún poder pueden volverse contra su propio pueblo.
Nunca más debe ponerse en riesgo la vida por movilizarse, por organizarse o por expresar ideas. Nunca más el miedo como forma de control.
Defender la democracia es garantizar la convivencia en la diversidad, la justicia social y el derecho a pensar libremente.
Desde el Bloque del MPN de Plaza Huincul, reafirmamos nuestro compromiso con los derechos humanos y con una democracia basada en la memoria activa.
La memoria, la verdad y la justicia siguen siendo inclaudicables.
Nunca más.